Represión del 8 de marzo

Desde ABOSEX repudiamos los hechos de violencia institucional y de género que sufrieron las mujeres el día 8 de marzo luego de finalizada la jornada histórica de paro y movilización de mujeres.

Un grupo de mujeres fueron apresadas por la policía de manera intempestiva y en un accionar claramente ilegal y violento, alejado de un Estado de derecho. Las detuvieron arbitrariamente y las mantuvieron en condiciones crueles y ultrajantes hasta el amanecer.

Se trató de un episodio de razzia policial en el marco de una protesta social, una de cuyas consignas era denunciar las elevadas tasas de criminalización contra las mujeres.

El operativo policial, una real caza de brujas, se sucede en un contexto político que justifica, promueve y avala la violencia –institucional- contra los derechos humanos de ciertos grupos sociales, en este caso, movimientos de mujeres. Tolerado por los medios de comunicación hegemónicos que presentan las noticias desde una perspectiva misógina y sexista criminológica. Este accionar no debe ser desligado de las políticas de empobrecimiento que se están llevando adelante con la instalación de un modelo que beneficia a unos pocos en detrimento de las clases populares, para lo cual precisa disciplinar y regular la protesta individual y social.

Las fuerzas de seguridad son un poder lateral que sirve para tales fines.

No es casual que ministros de este gobierno justificaron el accionar de la policía intentando bajar el tono de los episodios y culpabilizando a las mujeres que enfrentaron la violencia institucional. Sus manifestaciones públicas develan la concepción que tienen sobre las marchas populares y, en especial, la valoración social de las mujeres.

Estas lesiones contra los derechos de las mujeres no son nuevas. Los movimientos feministas históricamente combatieron las opresiones económicas, políticas y sociales producidas por los dispositivos de poder en el marco de las relaciones de dominación. La criminalidad ha sido y sigue siendo una de las construcciones paradigmáticas de ese poder, para forjar la idea de que sus comportamientos son un defecto de sus socialización al no haber aprendido roles tradicionales esperables. En definitiva, la perspectiva criminal hacia las mujeres en sus diversas expresiones de género es consolidar estereotipos para dominar.

Lo ocurrido ayer es una muestra de que este gobierno apela a esencializar a las mujeres como violentas o transgresoras del orden tradicional. Ya no les basta psicopatologizar a las mujeres (victima incapaz que no puede decidir si no es por el Otro), como ocurrió en otras épocas, sino que en tiempos de empoderamiento buscan desplegar estrategias más invisibles, entre ellas, la división entre buenas mujeres (que asisten a la marcha sin gritar ni chistar) y malas mujeres (las que van con consignas políticas y reclamos al Estado); típico dispositivo heteropatriarcal. Estamos asistiendo a nuevas formas de denigración de los movimientos feministas, con fines que no son de ahora. En definitiva, normalizan para volvernos indefensxs económica, social, moral y políticamente.

Estas cazas de brujas buscan instalar la división, a su vez, de reclamos legítimos e ilegítimos. La diferencia está puesta en quién los dice y como los hace. Insistimos, no es casual que el gobierno con la anuencia de ciertos medios de comunicación apele a defender el accionar policial y de paso, victimizar al sujeto que con una bandera vaticana cruzó a las manifestantes en el día de ayer.

Estas violencias no son aisladas, hay decenas de casos de razzias contra personas travestis y trans en situación de prostitución, migrantes, vendedorxs ambulantes y defensorxs de derechos humanos que dan cuenta de una sistematización de la persecución, constitutivo de un modelo que invoca la penalidad para arrebatar la potencialidad de las luchas políticas de tales sujetos.

Quieren ver a las mujeres calladas y sumisas. Quieren ver a travestis y trans encarceladas. Quieren ver a lesbianas y homosexuales asimilados culturalmente. Quieren ver a migrantes irse. Quieren ver a trabajadorxs dóciles. Quieren a más Milagro Sala presas. Quieren, en definitiva, desarmar la lucha feminista en todas sus dimensiones políticas.

Pero no podrán.

Quienes deseen formular una denuncia o brindar su testimonio vinculado a los hechos de la noche del 8 de marzo, pueden dirigirse a la PROCUVIN o a la UFEM. Los números telefónicos de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres son: 4371-3407/4371-2658/4371-6218

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